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El periodista Jordi Basté, líder de la radio matutina catalana, debería intentar Jordi-Baste-se-hizo-cargo-de-E_54174561885_53389389549_600_396redirigir desde las ondas los esfuerzos de la comunidad científica o de inventores, para que se vuelva a tomar en serio el desarrollo de una máquina del tiempo.

El objetivo: poder traer del pasado a Thomas Jefferson, para que participe en su tertulia matutina del programa El Mon a Rac1.

Los que opinen que las lágrimas de Cristiano Ronaldo me están afectando la corteza cerebral tienen motivos para ello, pero si aguantáis algunos párrafos conmigo, me intentaré explicar.

Ante todo el proceso puesto en marcha en Cataluña referente a su derecho a votar su forma de estado, y por ende su independencia, hace tiempo que decidí investigar en mis ratos de desvelo (Punto Pelota ya no me seduce) qué procesos del pasado pueden tener alguna analogía con lo que está pasando en el triángulo nordeste de la península ibérica.

Mirando las páginas de las memorias autobiográficas del Thomas Jefferson, me dathomas-jefferson la sensación de que lo que se discutió en los incipientes Estados Unidos, no es muy diferente, en su sustancia, de lo que se discute estos días. Los cuatro temas más destacados sobre los que Jefferson escribió fueron:

  • La independencia
  • Modelo de representación democrática
  • Poder central vs. Poder de los estados (antiguas colonias)
  • Vigencia de una Constitución

Algunas líneas sobre cada tema, para que Jordi Basté pueda empezar a presionar a inventores y científicos, y preparar la entrevista:

La Independencia

Thomas Jefferson fue el escritor casi en exclusiva de la Declaración de 0-trumbull-signing-1819Independencia de EEUU. David McCollough en su biografía de John Adams dice que la única frase que se cambió del texto original fue el famoso “verdades evidentes en sí mismas” (self-evident truths) de Benjamin Franklin. Las grandes discusiones que llevaron al documento del 4 de julio fueron que las colonias estaban divididas entre ellas. Estaban divididas entre el SI y el NO a la independencia, con tres grupos diferenciados. Los que ya habían sido atacados por los ingleses en 1775 (Massachusetts, New Hampshire y Connecticut), que querían declarar la independencia y luchar por sus libertades. Los que no habían sido atacados, pero que serian los siguientes (Rhode Island, New York, New Jersey, Pennsylvania y alguna otra), no querían declarar la independencia y preferían negociar con el Rey Jorge III (3ª via?). Y finalmente, las colonias que la guerra les quedaba algo lejos y que si les respetaban el comercio de esclavos votarían que sí. Se podrían establecer paralelismos entre las posiciones de las colonias y la de algunos partidos catalanes. Algunos quieren la independencia para mandar, otros quieren negociar porque temen por sus intereses, y otros, están tan alejados de casi todo que ya les va bien la independencia, que parece una apuesta bastante progresista y liberal. Lo curioso es que todos los partidos políticos de aquí, como las colonias de allí, opinaron y opinan que el status-quo no era, ni es, deseable.

Modelo de representación territorial

Para formar el nuevo Congreso, se discutió sobre cómo se determina la continental-congressrepresentación del pueblo, y más importante, cómo se determinan las cargas fiscales. Estaba claro que las diferencias de población entre los nuevos estados, hacía que tres estados tuvieran el 50% de la población y por lo tanto la mitad del poder. En el lado de las cargas fiscales, es decir, lo que los estados debían pagar al gobierno federal para sufragar los gastos comunes (ejército, gobierno federal,…), había dos esquemas. El primero era determinar los impuestos por las unidades de producción de riqueza, que algunos fundadores de la nación, como Adams, opinaban que se determinaba por el número de granjas o plantaciones. La corriente más aceptada, pero que tuvo mucha controversia fue la de hacerlo por la población de cada estado, ya que opinaba que la unidad productiva era el individuo. El problema apareció cuando los estados del sur dijeron que los esclavos negros no eran personas y que por lo tanto no podían ser 14th amcontados par los fines fiscales. Los estados del norte no estuvieron de acuerdo, ya que opinaban que un esclavo producía lo mismo, y generaba los mismos rendimientos que un hombre libre. El sur opinaba que un esclavo no producía lo mismo que un hombre libre y bien alimentado del norte; mientras que el norte decía que los beneficios para el terrateniente eran superiores ya que el coste de los esclavos era mucho menor. Finalmente, la Constitución de 1789 determinó que la representación y los impuestos se determinarían sumando el total de personas libres, y 3/8 de los demás (esclavos). Esta rémora moral de los Estados Unidos no se subsanó hasta que se adoptó la enmienda nr. 14 en 1868, tras una guerra terrible y la enmienda anterior (nr. 13) que abolió la esclavitud.

Las cargas fiscales de las comunidades autónomas están en el origen de la ola soberanista que lleva arrasando nuestra realidad desde 2006. La forma de representación también lo debería hacer, pero muy pocos partidos y muchos menos medios de comunicación están prestando atención a temas como la representación o la separación de poderes (pero en serio!!).

Poder central vs. poder de los estados

Tras la independencia, aparecieron dos tendencias políticas que defendían dos DF-ST-87-06962modelos de localización de poder distintos. Unos, los federalistas (Adams y Hamilton), opinaban que había que tener un estado central fuerte, con capacidad recaudatoria bien desarrollada, con un poder militar central independiente de los estados y con una misión diplomática conjunta. La idea de los federalistas era que el poder central era la mejor manera de promover los nuevos Estados Unidos como potencia, ya que entre otras cosas, unidos era más factible el establecimiento del crédito internacional. Por otra parte, los republicanos-demócratas (Jefferson, Madison y Monroe), que se oponían a un poder central fuerte, y que querían 1805616-el-thomas-jefferson-memorial-fotografiado-en-toda-la-cuenca-mareas-poco-despua-s-del-amanecermantener el poder en los estados, mucho más cercanos a sus habitantes. Opinaban que un estado centralizado perdería la perspectiva de las necesidades de la gente y de las diferencia entre los estados, tanto económicas como de sensibilidades. Argumentos que deberían sonarnos familiares a los que habitamos el siglo XXI en España. Curiosamente, alguna prominente familia americana tuvo miembros en las dos partes. John Adams (2º presidente) fue federalista, mientras que su hijo, John Quincy Adams (6º presidente) fue republicano-demócrata. Sorprendentemente para algunos pirómanos sociales de hoy en día, la familia Adams (no la famila Monster) no se rompió.

La décima enmienda a la Constitución ahonda, aclara y resuelve sobre esta cuestión, declarando que:

“Los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, ni prohibidos por ella a los estados, están reservados a los estados o al pueblo.”

Vigencia de la Constitución

Evidentemente, Thomas Jefferson fue un liberal que creía que la gente no debía ser dirigida, ya que confiaba en la virtud de las personas y en su libertad. Opinabaconstitution_quill_pen que la constitución era una regulación excesiva y que era la virtud de las personas lo que debía mantener la unión. Pero su mayor crítica a la constitución fue que su vigencia debía ser limitada. Por las tablas de esperanza de vida existentes en Europa, estableció que cada 19 años debía reescribirse la Constitución, como escribió en una carta a un abogado de Virginia (S. Karcheval) en 1816. Jefferson opinaba que de no hacerse así, las leyes que gobernaran a los vivos estarían escritas por los muertos, y que en su opinión, la tierra pertenecía a los vivos. También debe sernos familiar la opinión que la Constitución española de 1978 sirvió a los que vivieron 1978, y que en 2014 se necesitaría otra Constitución, ya que la incomodidad de muchos es tan manifiesta, que los que pueden acogerse a realidades culturales e históricas, quieren dejar de ser regidos por el estado que ampara la constitución de 1978.

Lástima que lo de la máquina del tiempo no sea muy probable, ya que una entrevista de Jordi Basté con Thomas Jefferson, para hablar de democracia efectiva y de procesos de independencia exitosos, sería muy interesante!!

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“Let us provide in our constitution for its revision at stated periods. What these periods should be nature herself indicates. By the European tables of mortality, of the adults living at any one moment of time, a majority will be dead in about nineteen years. At the end of that period, then, a new majority is come into place; or, in other words, a new generation. Each generation is as independent as the one preceding, as that was of all which had gone before. It has then, like them, a right to choose for itself the form of government it believes most promotive of its own happiness; consequently, to accommodate to the circumstances in which it finds itself that received from its predecessors; and it is for the peace and good of mankind that a solemn opportunity of doing this every nineteen or twenty years should be provided by the constitution, so that it may be handed on with periodical repairs from generation to generation to the end of time, if anything human can so long endure.”Thomas Jefferson to Samuel Kercheval, 1816. ME 15:42

“The idea that institutions established for the use of the nation cannot be touched nor modified even to make them answer their end because of rights gratuitously supposed in those employed to manage them in trust for the public, may perhaps be a salutary provision against the abuses of a monarch but is most absurd against the nation itself. Yet our lawyers and priests generally inculcate this doctrine and suppose that preceding generations held the earth more freely than we do, had a right to impose laws on us unalterable by ourselves, and that we in like manner can make laws and impose burdens on future generations which they will have no right to alter; in fine, that the earth belongs to the dead and not the living.”Thomas Jefferson to William Plumer, 1816. ME 15:46

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