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En 1942, Isaak Asimov publico una historia corta de ciencia ficción titulada Isaac_Asimov_I_Robot_Runaround“Runaround”. En ella se propusieron por primera vez sus “leyes de la robótica”, que ponían las bases de la relación de los robots con los humanos. Más recientemente, la película “I Robot” (2004) protagonizada por Will Smith y Bridget Moynahan, trataba de un robot que aparentemente había violado dichas leyes, que son programadas en el código fuente de todos los robots. Las tres leyes de Asimov son las siguientes:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si i_robotestas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Tras otra discusión twittera con el gran Jaume Barberà, en que insiste en que puestos a crear un nuevo estado, Cataluña debería tener una banca pública, vamos a darle una vuelta Asimoviana al tema.

Según el bueno de Jaume, los bancos son entes peligrosos para el sistema. Ya sea barberapor su tamaño, por su gestión del riesgo o por la concentración de intereses económicos que generan. Este artículo no va de debatir esto, sino de ver cómo se puede hacer que los bancos no sean peligrosos. Aquí me gustaría parar un momento para declarar dos principios que rigen mis opiniones. Primero, los bancos han de ser empresas privadas, como la Coca Cola o la Apple, en que hay que rendir cuentas ante los propietarios. Segundo, los bancos no pueden estar en manos de políticos, que su objetivo es ganar elecciones y contentar a su electorado, en vez de gestionar la empresa y pasarla a la siguiente generación lo mejor posible.

Volviendo a Barberà, mi argumento es que la banca necesita una mejor regulación. Una regulación simple que cubra el origen de los problemas. A veces los 120legisladores se enredan en legislar las consecuencias de los problemas, y no las causas. Por ejemplo, en Cataluña existió un debate bastante estúpido sobre la regulación de la velocidad en carretera. Unos decían que 130 Km/h, otros que 120 Km/h, los de más allá que 80 Km/h, y finalmente, otros que variable. Este es un ejemplo de legislación de consecuencias, ya que si la limitación estuviera en los motores de los coches, no habría debate. Si un coche no va a más de 120 Km/h, no hace falta regular la velocidad, ni poner 100.000 señales de tráfico.

En la banca pasa lo mismo, se pretende legislar las 200 cláusulas de una hipoteca, los derivados existentes en los productos financieros, y no sé cuántas cosas más. glass_steagall_posterPero la historia nos demuestra que cuando ha habido buenas regulaciones bancarias, la banca ha cumplido con su rol de engrasador de la economía, y no el de talón de Aquiles. Desde que el Congreso de EEUU aprobó la Glass-Stegall Act en 1933, la banca americana experimentó un periodo de estabilidad muy largo, comparado con los últimos 30 años. Durante 50 años (1933-1982) prácticamente no quebró ningún banco en EEUU. Esta ley no era muy complicada. Decía dos cosas básicamente: Primero, que un banco comercial no podía hacer banca de inversión. Segundo, la creación del equivalente al fondo de garantía de depósitos, con la Federal Depositary Insurance Corporation (FDIC).

Un banco es muy complejo, y el sistema bancario en su conjunto, más todavía. De inside-computer-mind-digitalhecho, casi tanto como la robótica. Las tres leyes de Isaak Asimov aseguraban que la presencia de los robots fuera beneficiosa, y nada peligrosa, para los seres humanos. Pues bien, hagamos un poco de onanismo mental y veamos si existen tres leyes que eviten casos como Lehman Brothers, Bankia, Blackrock o Catalunya Banc.

Un objetivo sería que los bancos de inversión no tengan balances excesivamente grandes para que sus “traders” no lo conviertan en un casino, y además, tengan propietarios con cara y nombre a los que rendir cuentas. Otro objetivo sería que nadie pudiera arriesgar el dinero de los depositadores. Así pues vamos a hacer “regulation fiction” al estilo de Isaak Asimov.

  1. Un banco de inversión, miembro de un mercado, no puede cotizar en ningún mercado.
  2. Un banco comercial no puede hacer actividades propias de la banca de inversión, como la emisión de títulos por cuenta de terceros.
  3. Un banco comercial no puede titulizar (vender a trozos) más de la mitad de su riesgo contratado.

(Voy a patentarlas como las Tres Leyes de Hofmann, aunque el Congreso de EEUU seguro que me lo tumba, porqué de hecho, es un triturado de legislación bancaria del Siglo XX…….. 😉 )

Dejando una banca de inversión pequeña, dedicada en exclusiva a su negocio, sin contacto con la banca comercial más que como proveedor de servicios de intermediación, se evitaría el casino. Cierto que los bancos comerciales podrían hacer apuestas más arriesgadas, pero al no poder sacar del balance todo ese riesgo, ya mirarían de no meterse en excesivos líos.

La senadora demócrata Elisabeth Warren, junto con el republicano John McCain, 120806_elizabeth_warren_605_aphan empezado el proceso legislativo para reactivar Glass-Steagall (2.0). Tienen grandes obstáculos ante sí, pero espero que puedan revertir la des-regulación que entre Reagan, Clinton y Bush Jr, habían convertido Wall Street en una mezcla de Tumbstone (AZ) y el Bar Coyote con Pipper Perabu bailando en la barra!

Good luck, Eli…!!

 

PS: Foto de Piper Perabu para entendidos en la materia…

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