Las Guerras Revolucionarias Americanas, por mucho que empezaran a causa de una disputa politico-fiscal entre el Reino Unido del Rey Jorge III y las trece colonias derevolutionary_war norteamerica, acabó convirtiendose en una especia de guerra pan-europea, con el Reino Unido de una parte y las trece colonias, Francia, Holanda y España por la otra. Cuando discuto con mis buenos amigo madrileños sobre el tema catalán, siempre tengo la sensación de que creen que los catalanes vemos la guerra de sucesión a la corona de España (1701-1714) como una guerra de independencia, como la americana. No puedo hablar por la mayoría de los catalanes, pero siempre les intento hacer entender que la guerra de 1714 fue una guerra de sucesión que confrontaba dos modelos para la unión de coronas que era en ese momento España. Por un lado el imagesestado centrado en el monarca, su corte y la riqueza de la tierra, y en el otro extremo un modelo parlamentario (elitista) centrado en las cortes, los pactos con el rey y la riqueza del comercio pre industrial. Lo que cuesta de hacer entender es que todo el nacionalismo catalán no emana de la derrota de 1714, sinó de lo que la siguió, empezando por el Decreto de Nueva Planta que abolió de un plumazo la política, las instituciones, las leyes y, los usos y costumbres del Principado.

Es interesante pararse un momento a curiosear por los paralelismos y deferencias entre el proceso revolucionario americano y el proceso iniciado en Cataluña. Lo que a mi jucicio es más importante es que la América de 1775 se hallaba en plena eclosión de la ilustración. El proceso americano, aun pasando una guerra, fue una auténtica revolución filosófica en la manera que el gobierno debía relacionarse con los gobernados. En el preámbulo de la Declaración de Independencia americana aparece el siguente fragmento:

“That to secure these rights, Governments are instituted among Men, deriving their justjohn-adams-declaration powers from the consent of the governed, That whenever any Form of Government becomes destructive of these ends, it is the Right of the People to alter or to abolish it, and to institute new Government, laying its foundation on such principles and organizing its powers in such form, as to them shall seem most likely to effect their Safety and Happiness.”

Apelar al consentimiento de los gobernados para legitimar un gobierno, o para abolirlo, era un concepto completamente revolucionario para la época. Con esto no quiero inferir que los políticos catalanes del siglo XVII, favorables a los Habsburgo frente a los Borbones, tuvieran en mente un gobierno que viera a todos sus gobernados como iguales, pero lo que es evidente es que el modelo que ganó la guerra de sucesión española llevaría a España a las antípodas de lo que 60 años más tarde se fraguaría en la colonias americanas.

Lo que realmente hace falta para que un proceso como el iniciado en Cataluña sea Unknownduradero, es un revolución folosófica en lo que al gobierno se refiere. Pretender que una Cataluña con estado própio replique las instituciones que hoy tenemos es simplemente un viaje a un desastre conocido. Si, por ejemplo, el poder ejecutivo y el judicial siguen emanando del poder legislativo, nunca se podrá escapar de la corrupción moral del régimen de partidos que nos gobierna. No se trata simplemente de aplicar el engañoso conepto de las listas abiertas, se trata de formular un modelo de representación directa (tantos ciudadanos = un diputado) de verdad.

Volviendo a los Jefferson, Franklin o Adams, ellos anticiparon los problemas del abuso deUnknown-1 poder de los tres brazos del estado. El presidente no puede aprobar el presupuesto, ni puede destituir miembros de la Corte Suprema o los tribunales de apelación. Por su parte, el Congreso no puede proponer miembros del poder judicial, solamente puede votar los que el presidente le proponga. Evidentemente, la democracia americana no es perfecta, pero sus padres fundadores tuvieron mucho cuidado en que hubiera un equilibrio de fuerzas entre los poderes del estado.

Por lo tanto, si algún día los ciudadanos catalanes deciden por una mayoría significativa (66% de voto directo sería recomendable) que quieren tener un estado própio, convendria empezar una revolución filosófica y moral sobre cual debe ser la realación del estado con los ciudadanos, de los cuales emana todo el poder el estado. De lo contrario, la deriva moral de las instituciones catalanas seguirá, solo que no existirá el concepto “Madrid” (el estado, no la ciudad) para echarle la culpa.

Volviendo a la America del siglo XVIII, me he “amazoneado” un libro con la colección completa de la correspondencia entre John Adams (2º presidente de EEUU) y Thomas Jefferson (3er presidente). Una amistad entre dos hombres muy distintos que comenzó Slide1en 1775 en el primer Congreso Continental, y cuyo desarrollo dio una de las mejores bases para los gobiernos de los últimos 200 años. En dicha correspondencia está la carta en la que John Adams, como embajador en la Corte de St. Jaime, explica a Jefferson la presentación de las credenciales como embajador de los recién constituidos EEUU al Rey Jorge III de Inglaterra. La audiencia tuvo lugar en el Palacio de St. James, el 1 de junio de 1785, y en la misiva a su amigo Jefferson, Admas explica que la audiencia se mantuvo dentro de la “ceremonia y formalidad que dichos eventos requieren”. También explica que la “misión fue tratada por su Majestad con todo respeto, y la persona (Adams) con toda la cordialidad que se podía esperar”.

La pregunta pues es evidente. ¿Pudo el Rey Felipe V de España tratar al derrotado Principado de Cataluña de la misma forma y manera con la que Jorge III del Reino Unido trató a sus antiguos enemigos, habiendo sido estos ganadores de la contienda? La respuesta está en la historia de España de los últimos 300 años. La Inglareterra de Jorge III era parlamentaria, mercantilista y pre industrial, por lo que una vez perdidas la colonias empezó una inteligente y fructífera reconstrucción de relaciones comerciales. La pregunta final sería: ¿Si el proceso catalán desembocara en un estado própio, el Rey Juan Carlos I de España recibiría de buenas maneras a un eventual embajador catalán, proponiéndole de inicio el mantenimiento de fructíferas de relaciones comerciales?

En “spanglish”:….ni flowers!

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