He de reconocer, que lo que está pasando en la península ibérica desde el 12 de septiembre de 2012, es muy interesante. Creo que, aun teniendo una postura en relación al estado propio planteado desde una representación mayoritaria de la ciudadanía (partidos políticos) de Cataluña, se debe hacer un esfuerzo para intentar tratar todos los temas con un poco de calma y sosiego. El otro día, una buena amiga mía me decía: “…en estos momentos, lo más importante es abrir bien los ojos, ya que se está escribiendo la historia y no hay que perder detalle”. En este espíritu nos intentaremos mover…

Uno de los temas más interesantes en un eventual proceso de secesión de Cataluña de España, es la moneda. La frase (delirio) que más escucho es: “Cataluña saldría de Euro!!”. En un post anterior ya tratamos el concepto de “salir de una moneda”. Simplemente nos dimos cuenta que no se puede salir del Euro tan fácilmente. Es más, casi me aventuraría a decir que sería imposible salir del Euro si el nuevo Estado catalán no quisiera.

Por qué?

Muy sencillo. La emisión y uso de una moneda es una decisión soberana de un Estado, tal y como lo conocemos. Me explico. Los Estados lo son, en la medida que tienen unos súbditos a los que puedan exigirles una parte de sus rentas, su beneficio, su valor añadido y su patrimonio. Y no solo eso, sino que además pueden sancionar y reprender a los súbditos que no quieran pagar. Por lo tanto, cada uno de los súbditos de un Estado, al trabajar o cualquier otra forma de generar riqueza, contrae una deuda con el Estado que deberá pagar en forma de impuestos en un fecha determinada (30-jun??). Cuando digo súbditos, no me refiero a ninguna forma de subordinación forzada. La democracia y los Estados actuales, llevan un concepto asociado al poder de lo público llamado “el consentimientos de los gobernados“. Estos “gobernados” ceden poder al Estado para tomar decisiones que afecten al bien común, y que no se pueden tomar con la suma de decisiones individuales.

La clave para que una moneda sea oficial, es que dichos impuestos sean reclamados en un instrumento determinado de pago; en este caso una moneda. Digamos que la forma de pago de la deuda con el Estado es la que confiere a una moneda determinada el estatus de oficial. A partir de ahí, el resto de transacciones se van aliniando con dicha moneda de forma natural. En los estado de Virginia y Maryland (EEUU) se aceptó la hoja de tabaco como moneda de cambio desde madiados del siglo XVII hasta finales del XVIII. Algo parecido pasó con las pieles de castor o con unas conchas llamadas por los indios Wampum (http://en.wikipedia.org/wiki/Wampum).

Además, el Estado no solamente crea deudas de los ciudadanos a través de los impuestos, sino que como presta dinero a las instituciones financieras, éstas le han de devolver lo prestado en la moneda que el Estado solicite. En el caso de España fue la Peseta, hasta que se adoptó el Euro.

Por lo tanto, en mi opinión, no hay debate. Si un futuro Estado Catalán decide cobrar sus deudas en Euros, y si además coincide que los ahorros de sus súbditos están en Euros, no creo que sea posible “echar” a Cataluña de Euro.

El único tema que en mi opinión quedaría colgado, es el hecho de que un Estado sin banco emisor de moneda, tendría un problema a la hora de intervenir en el mercado secundario para arbitrar las condiciones crediticias. Los bancos centrales, aparte de emitir moneda, efectúan las llamadas operaciones de mercado abierto para dotar de liquidez a los bancos para que éstos puedan prestar más dinero. Resumiendo: El banco central compra bonos y letras del Estado, en manos de los bancos comerciales (de los estados miembros en el caso del BCE); dándoles dinero a cambio, que puede ser prestado a los ciudadanos y las empresas. Esto se hace para estimular o enfriar (al revés, vende bonos y recoge dinero) la economía, y es una parte fundamental de la política monetaria.

Lo que llevo diciendo: si una mayoría quiere, habrá que sentarse a negociar una montaña de temas fundamentales, tanto para Cataluña, como para España.

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