Esta conversación entre Mark Farmer (gestor de un fondo de pensiones) y George Jones (trader de productos estructurados en un banco de inversión) es una recreación, pero sé que ocurrió:

Marc Farmer: “Hola George, tengo un problema muy serio con mi fondo”.

George Jones: “Mark, no me llores que yo no soy tu madre, pero dime de que va el asunto”.

MF: “Necesito un producto de renta fija, de máxima calidad crediticia, que me dé más rendimiento del que tengo ahora tanto a 10, 15 como a 30 años. Y lo necesito ya”

GJ: “Si claro, y yo un Aston Martin equipado con un rubia y una botella de Bollinger de 1969!”

MF: “Tío, déjate de películas de Bond; te lo digo en serio! Con la curva de tipos plana y bajando, y con esta inflación, mi fondo no podrá mantener los compromisos de las pensiones en 10 años. Y no quiero hacer lo que hace la Seguridad Social, que paga pensiones por la tarde con el dinero de las cotizaciones que ha cobrado por la mañana”.

GJ: “Entiendo. Déjame pensar en algo. Ahora bien, te aviso que te voy a meter un palo con la comisión que te dejaré temblando”

MF: “George, si me solucionas este pastel, cóbrame lo que quieras!!!”

He omitido la cantidad de palabrotas que dicen los traders al teléfono para mantener el nivel del post, pero las conversaciones tienen este estilo.

Hoy intentaré explicar, que no justificar, el origen de la proliferación de los productos Asset Backed Securities o titulizaciones. No entraré en si son buenos o malos, ni en si el uso que se ha hecho de ellos ha causado la crisis; me limitaré a explicar cómo empezaron a crearse de manera masiva.

Y esto de la titulizaciones qué es? Bueno, es como un bono, que paga un tipo de interés en forma de cupones, pero que en vez de tener el dinero de los contribuyentes o una empresa para pagar el interés, tiene instrumentos de deuda. No he entendido nada! Si hombre, mira este dibujo:

Pones en un paquete un serie de instrumentos de deuda (hipotecas, tarjetas de crédito, créditos a empresas,…) que los bancos suelen tener en su balance. OK, y para qué? Bueno, una vez tienes todos esos instrumentos de deuda dentro del paquete, pagando los intereses dentro del paquete, troceas el paquete y se lo vendes a gente que va a cobrar intereses pagados por ese paquete, y que el dinero sale de lo que hay dentro (tarjetas de crédito, hipotecas, y otros créditos). Vale!

Vayamos por partes…

Las pensiones, necesarias para seguir teniendo rentas tras haber acabado la vida laboral, son fundamentales para el sistema. Algunos dirán que hemos de procurar que nuestros mayores tengan unos medios dignos para vivir, independientemente de la ayuda familiar. Otros dirán que ya que se ha estado dando dinero al Estado para cosas que disfrutarán las generaciones posteriores, pues que éstas ayuden a los que contribuyeron en el pasado.

Hay dos tipos de pensiones: las públicas y las privadas.

Las públicas funcionan como un esquema de Ponzi (Madoff). Las cotizaciones que uno paga, sirven para pagar las pensiones de los jubilados de hoy. Digamos que el dinero no se pone en una caja, a esperar a que el cotizante se jubile, sino que se utiliza de inmediato. Para asegurar esto, existen mecanismos de ahorro en el sistema público de pensiones para el caso que se recaude menos de lo que se ha de pagar, pero esto está diseñado para momentos puntuales. La gran enemiga de las pensiones públicas es la vida misma. A más vivan los jubilados, y a menos tasa de natalidad, peor. El sistema público de pensiones se creó cuando había mucha gente trabajando por cada jubilado. Es decir, que cotizaban muchos para pagar a pocos. Los países de la OCDE tenían en 1950 un ratio de trabajadores/jubilado de 7,2. Actualmente, estamos en un ratio de 3, y las prospectivas para los próximos años no tienen buena pinta. Las pensiones públicas hace tiempo que están en riesgo, pero los políticos no tienen el coraje para solucionarlo. (ésto, para otro post).

Esto ha ayudado a crear el segundo bloque de pensiones: las pensiones privadas. En este caso, la cosa funciona de la siguiente manera. Con lo que te sobra de la nómina (no es un chiste) pones el dinero en un “fondo” que lo que hace es guardarte el dinero e invertirlo. Aquí el dinero se acumula, hasta que una vez jubilado, te va pagando una renta pactada. El truco está en que se aporte el suficiente dinero durante la vida laboral, para que con el dinero aportado, los intereses y los beneficios de la inversiones, se asegure un renta tras la jubilación. Aquí, el gran enemigo, aparte de un mal gestor, es la inflación. La inflación puede hacer que los 100 euros aportados al fondo de pensiones este mes, en unos años tengan un poder adquisitivo de 90, 80 o 30, o peor.

Los gestores de fondos de pensiones intentan hacer equilibrios entre: no arriesgarse demasiado (no perder), ganar a la inflación (no perder poder adquisitivo), y cuadrar los vencimientos de las inversiones con el calendario de pagos (tener liquidez). Para ello invierten el dinero del fondo en las diversas clases de activos para la inversión que existen: Bonos, acciones, fondos inmobiliarios, fondos de capital riesgo, Hedge funds, etc… Para mantener un perfil sin riesgo, ponderan mucho la renta fija, los fondos inmobiliarios y los fondos hedge funds, dejando para las inversiones de más riesgo menores cantidades (acciones, capital riesgo) . Y así van viviendo los años, intentando que más gente invierta en el fondo (+comisiones) y evitando meterse en líos para que la gente pueda cobrar en el futuro.

Lo principal para los fondos de pensiones es la renta fija. Aquí vale la intuición del profano en finanzas. Te dejo dinero porqué creo que me lo vas a devolver, pero te cobro un interés. Te cobro proporcionalmente menos por dejarte el dinero una semana, que por dejártelo 10 años, que a saber dónde andas. Si dudo de que me lo devuelvas, te cobro más, por si las moscas. Y si dudo mucho, no te dejo nada. Y si ya te he dejado el dinero y me entran las dudas, intento vender tu compromiso de devolverme el dinero a otro, y así duermo más tranquilo. Nada nuevo, no?

Para un fondo de pensiones, representa un gran problema prestar el dinero de sus partícipes cuando los intereses a corto plazo son muy parecidos a los de largo plazo. Es decir, que cuando le prestan dinero al Estado a 1 semana, el tipo de interés es muy parecido a prestárselo a 10 años. El tipo de interés a muy corto plazo (1 día, 1 semana o 1 mes), simplemente lleva el riesgo de prestar, ya que no hay tiempo para que la inflación haga perder valor al dinero. Muy diferente a los bonos a más largo plazo, que conllevan el riesgo, más las expectativas de cambio de riesgo y de la inflación. Si me dan el mismo tipo de interés para prestar mi dinero para mañana que si lo presto por 10 años, no tengo ningún incentivo para prestarlo a 10 años. Los fondos de pensiones intentan siempre cuadrar los vencimientos de sus inversiones con los pagos a sus clientes jubilados. Además, muchas veces las rentas tras la jubilación se ligan a la inflación o se garantizan, por lo que la inflación o las rentas prometidas, no pueden hacer que los pagos futuros superen la suma de lo aportado más los intereses.

Así pues, nuestro amigo Mark Farmer presionó a George Jones para que le diera un producto de renta fija, de gran calidad crediticia para no vulnerar las reglas internas del fondo de pensiones, y que le diera un rendimiento superior a 10, 15 y 30 años, de lo que le daba la deuda normal. George le propuso comprar deuda de una entidad que contenía muchos instrumentos de deuda (hipotecas de personas, créditos a pymes, créditos al consumidor o créditos personales). Esta deuda cubría sus expectativas, y por ella no le importó pagar una muy buena comisión al banco. Además, como muchos de esos instrumentos de deuda tenía garantía real, y las probabilidades de impago eran bajas (según datos históricos), las agencias de calificación de deuda (S&P, Moody’s, Fitch) pusieron muy buenas calificaciones a esos bonos. Lo curioso es que en vez de hacer una misma categoría de cada bono, hacían tres (la seguros, la menos segura, y la basura), dando calificaciones AAA a los tramos más seguros.

Todo el mundo contento. Mark con su fondo en rentabilidades fantásticas. George cobrando unas comisiones fantásticas. Y el cliente del fondo, tranquilo. Que bonito!!

Lo más divertido es que el cliente dormía tranquilo, y no tenía intención de mejorar su estado. El gestor del fondo, que cobraba un variable según la rentabilidad y el riesgo de su fondo, no tenía intención de ser mucho más rentables, para evitar caer en riesgos innecesarios y cobrar menos a final de año. Pero George Jones, tenía un esquema de compensación en el que cuantas más comisiones generara para su banco, más dinero ganaría. Cuando hablo de más dinero, no hablo de 30.000 $ más; hablo de 10 millones $ más!!

Así que los bancos de inversión empezaron a pensar en ganar más dinero con estos productos, las titulizaciones, las cédulas hipotecarias y otros productos con activos en renta empaquetados. Descubrieron primero que los clientes VIP de los bancos privados empezaron a estar interesados, ya que a partir de 2004 los tipos de interés empezaron a bajar, dejando los intereses de los depósitos a cero! Ahorrar dejaba de estar incentivado, pero los ahorradores quería ahorrar en forma de depósitos o pensiones, y sus bancos les quisieron contentar con productos más rentables que el depósito: Las titulizaciones!!!

Y como los pobres (menos ricos) copian a los ricos, los cliente no tan VIP también quisieron esos productos. Y lo peor fue que los bancos y las cajas de las esquinas, se enfrascaron a distribuirles estos productos a las abuelas, con empleados de banca poco formados para ello. Frases como: “tranquila Doña Encarna, que esto es tan seguro como un depósito. Fíjese que lo garantiza un banco americano que se llama Mehlan Brothers. Estos americanos saben lo que hacen”, se oyeron en casi todas las oficinas de occidente (sobre todo España!).

Y ahí está la aceleración de modelo. Se empezó a demandar deuda de estructuras llenas de hipotecas, tarjetas de crédito y créditos a pymes y promotoras. Pero claro, cuando se demanda mucho de un producto; éste se acaba. Ya no había más hipotecas que empaquetar. Una lástima, ya que dar una hipoteca es un riesgo, pero si puedes empaquetar esos riesgo y venderlos, entonces es una máquina de hacer comisiones sin riesgo de impago.

Y ahí vino el otro pecado original de esta crisis. Como había que generar hipotecas para empaquetarlas y vendérselas a los ahorradores, se empezó a dar hipotecas relajando los criterios de riesgo. Le dieron hipotecas a gente con trabajos temporales o en paro. Es decir, hipotecas que sabían que muy probablemente no cobrarían (subprime); pero daba igual, no se iban a quedar con el riesgo! Y claro, a cada hipoteca colocada; comisión para el banco; y un sobre sueldo para el empleado del banco de la esquina que quería comprarse una casa en Denia.

Y el resto de la historia es conocida: los tipos de interés cambiaron de sentido y empezaron a subir en 2006, haciendo que la revisión de las cuotas de las hipotecas fuera tan insoportable para muchos, que dejaron de pagar la hipoteca y devolvieron la casa. Y entonces, los productos con hipotecas dentro, perdieron valor y empujaron a todo el mercado, y casi al sistema, a la crisis que conocemos como la de las “subprime”.

Mucho se ha dicho y escrito sobre las subprimes, pero lo más divertido es que los bancos de inversión nunca hubieran pensado en venderle productos ABS a los bancos comerciales para sus clientes (mi padre), si no fuera porque el gestor del fondo de pensiones de mi padre hubiera pedido dicho producto, para poder pagarle la pensión a mi padre. Paradójico, no?

Resumiendo: Papá, la culpa es tuya y de tus amigos!………….que no hombre, que es broma!!

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